lunes, 6 de abril de 2015

Fuego Con Fuego 1




“El Brayan”
Se conocían de toda la vida, de los tres, el “Brayan” fue siempre el más listo y cuando se decidió por delinquir lo demostró siendo quien organizaba los asaltos. El “Gero” era el “aventado” y si algo se complicaba, sabia usar la violencia sin dudar, el “Ardilla” quien completaba el trio de malandrines, era el menos confiable pero era muy hábil despojando de sus pertenencias a las víctimas que caían en sus manos.
Una mañana el “Brayan” despertó con un esbozo de idea y camino hasta la calle de cananas, que era preferida por muchos conductores para entrar en la colonia, dada su amplitud y por otros para acortar camino hacia la autopista ya que tenía menos tráfico que avenida revolucionarios. El “Brayan” estuvo observando cada bocacalle por varias horas, silencioso y concentrado apenas contestaba con un movimiento de cabeza los saludos de algunos vecinos. A media tarde regreso a su casa y llamo a sus cómplices, ya sabía que rumbo tomaría la banda.
Vanessa
Era la niña mimada de Papa, llego al país a los dieciséis años y tenía tres viviendo en México con su familia. No sufría escases económica y tampoco le preocupaba el origen de la fortuna de su padre, Ella se enfocaba en disfrutar al máximo.
Aquel martes, viajaba en el auto de su novio en turno, un auto deportivo de lujo, cuando salieron de su zona residencial y se dirigieron a la zona popular, Vanessa pregunto intrigada.- ¿A dónde me llevas?
- Vamos de rapidito, a una “Tiendita” que está muy bien surtida- Respondió Poncho, su “Peor es nada”.- Este cuate vende de todo y de muy buena calidad, vas a ver.
Cuando salieron de Avenida Revolucionarios y mientras avanzaban el par de cuadras que los separaban de Cananas, Vanessa sintió un ligero desasosiego, intento tranquilizarse atribuyéndolo al desconocimiento de la zona, pero si “Poncho” había estado aquí antes, ella no tenia de que preocuparse, Al girar el auto para tomar la calle de Cananas observo a un hombre como de veintitantos, con chamarra de piel negra, bajar de la banqueta para atravesar la calle y de pronto detenerse a medio arrollo y apuntarles con una pistola, mientras les ordenaba detenerse.
En la esquina de Cañones y Cananas, recargado en una caseta telefónica esperaba el “Gero” con una treinta y ocho en el hueco de la espalda, oculta por la camisa tipo “Guayabera” que usaba con este fin, Frente a él, sentado en una banca de concreto en el camellón estaba el “Ardilla”, dispuesto a entrar en acción en cuanto “Brayan” Detuviera algún auto.”Brayan” situado unos veinte metros de sus amigos, esperaba el auto indicado. Su comprador el “Gallo” les pagaba ocho mil pesos por auto pero debían ser autos de más de trescientos mil en factura.”Brayan “repartía un cincuenta por ciento para él y un veinticinco para cada uno de sus socios, si a eso le sumabas la ganancia por las pertenencias de los asaltados, el negocio era redondo.
El “Gero” observo el movimiento de “Brayan” y corrió hacia el auto que se detenía unos metros adelante, sacando la pistola, mientras escuchaba a “Brayan” instar.- Bájense, hijos de su chingada madre. Bájense o se mueren. -La puerta del copiloto se abría lentamente y una chamaca trataba de bajar con movimientos robóticos, esto sucedía muy a menudo, los “Clientes” se “Shockean” y se vuelven torpes, alguien tiene que activarlos. Llego junto a la chica y de un empellón la ayudo a tenderse en el piso boca abajo como “Brayan” exigía a gritos. Recorrió el cuerpo de la chica con la vista y poniéndole un pie en la cintura le retiro rápidamente aretes, esclava y un collar, de reojo vio un pequeño resplandor en el tobillo de Vanessa, era una delgada cadenita de oro.- Que coqueta eres, mamacita- Dijo “Gero” y girando le recorrió las piernas desde los muslos hasta el tobillo, la despojo de la alhaja y en un rápido movimiento introdujo la mano bajo la falda y le apretó las nalgas con placer.
Vanessa sintió la invasión a su intimidad y en un acto reflejo apretó los músculos y trato de defenderse tirando patadas, el “Gero “se rio y pasando sobre ella se introdujo en el auto, simultáneamente, se escuchó el sonido de las otras portezuelas al cerrarse, el auto se puso en movimiento y en unos instantes desapareció de su vista.
Algunas personas observaban desde lejos y ella sintió una enorme vergüenza se arrodillo y lentamente se puso en pie. El ver a poncho aun tirado boca abajo le produjo un sentimiento de rabia hacia el por no haber intentado defenderla en ningún momento, pero al escucharlo pedirle que no se levantara, que era peligroso, su rabia se convirtió en asco, se preguntó como pudo dejar que ese maricon le hiciera el amor.
Vio una tienda de abarrotes y hacia allá se dirigió, de pronto comprendió que su bolso y demás pertenencias se fueron en el auto y se sintió miserable, no estaba acostumbrada a andar “Bruja “y era una experiencia que no le agradaba en absoluto, esa seguridad que siempre la acompañaba ahora parecía estar ausente en su mayor parte. Titubeante observo el mostrador, tenía la esperanza de que fuera una mujer quien atendiera pero claro, en días así nada es lo que quisieras.
Tras el mostrador, estaba un viejo sesentón, con una expresión de roca en la cara, esa expresión que no quieres ver en alguien a quien pides un favor. Vanessa sintió llegar a su lado a “Poncho” pero decidió ignorarlo. Resignada tomo aire y humilde rogo.- Señor, ¿Podría dejarme hacer una llamada?- El rostro del viejo no modifico y ella agrego suplicante.- Nos acaban de robar y necesito llamar, para que vengan por mí.

Sin pronunciar una palabra, el viejo le ofreció un aparato inalámbrico y cuando termino la llamada con la cara húmeda de llanto, el hombre recibió el teléfono y le entrego un trozo de pan, para el susto.
Continuara…


 









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